Sentadita desde mi Bleacher – Blog # 4, 31 de julio, Santo Domingo 2026

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Estar Sentadita desde mi bleacher en Santo Domingo viendo a Puerto Rico competir es recordar lo cerca que estamos en todo. La vibra caribeña, el sabor en la música que retumba en los altavoces y esa energía contagiosa hace que la línea entre estar en casa o en la isla vecina se borre por completo. La rivalidad deportiva entre ambos es histórica y sabrosa, de esas que encienden cualquier sede en un segundo, pero lo bonito de ésto es que esa competitividad viene con un sello de una hermandad gigantesca. Se juega con el alma en la cancha, pero se celebra con el mismo abrazo caribeño fuera de ella, por lo menos así yo lo siento.

Más allá de la historia geopolítica o la cercanía geográfica, lo de Puerto Rico y República Dominicana es una conexión de sangre y vida cotidiana que se siente al instante. Compartimos la sabrosura de la música, el amor y gusto por la buena mesa, la obsesión por el béisbol y esa alegría ruidosa que no se apaga ni en los momentos más duros. Para un boricua, caminar por las calles dominicanas, o para un dominicano vivir en la isla del encanto, no se siente como estar en tierra extranjera.

A eso le sumamos el que muchos boricuas hicieron el viaje de tan solo 40 minutos, cruzando el Canal de la Mona para decir presente en estos Juegos. Ver a padres, parejas, abuelos y amigos uniformados de rojo, blanco y azul, subiendo y bajando escalones con pancartas, banderas y panderos, sencillamente te eriza la piel. No importa si el evento es en un estadio grande o en un complejo más pequeño, la fanaticada que viajó desde la isla se asegura de que nuestros atletas jamás se sientan solos.

Pero el verdadero espectáculo ocurre cuando los propios atletas boricuas terminan sus competencias y se transforman en los fanáticos más fiebrúes de los bleachers. Ver a las selecciones de voleibol, baloncesto, balonmano, béisbol y otros tantos, llegar en grupos, aún en sus uniformes de competencia, unirse con sus voces y pasitos para apoyar a sus pares, es de las cosas más hermosas que he visto de nuestra Delegación. Ahí no hay egos ni disciplinas aparte; hay una sola delegación respirando al mismo ritmo y empujando hacia nuestro objetivo. Nos hemos convertido en una fanaticada orgánica, pero organizada, que contagia a todos en el estadio.

Al final del día, ese ambiente en las gradas se vuelve un motor invisible para el atleta en competencia, y ni pensar en que pasará esta próxima semana porque aún falta mucha fanaticada por llegar. Cuando el cansancio aprieta en el último set o en los minutos finales, escuchar el retumbo colectivo del “Yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas” , le saca aire a cualquiera de donde no hay. Desde mi esquina en el bleacher, sólo puedo decir que la medalla de la mejor hinchada y la del verdadero espíritu caribeño ya la ganamos hace rato, y eso lo agradezco infinitamente.

El medallero boricua sigue su conteo ascendente. En las últimas 48 horas desde el pasado blog, los atletas boricuas sumaron doce medallas en total: consiguieron tres de oro gracias a Mariecarmen Rivera en sup surf y Kristen Romano en la natación con los 100 y 400 metros combinado (ya lleva tres, y las últimas dos son con récords CAC); cuatro de plata con el voleibol masculino, Jazmine Dean (longboard en surf), Nimsay García (sup surf) y el evento de tríos de bolos (Jean Francisco Pérez, Israel Hernández y David Márquez); y cinco de bronce ganadas por un segundo trío de boleadores ( Christian Azcona, Jorge Rodríguez y Edgar Burgos) y con los nadadores Andrés Brooks (200 metros mariposa), Xavier Ruiz (400 metros combinado), Luciana Gutiérrez (1,500 metros) y el relevo 4×100 combinado.

El medallero total nos coloca con un total de 37 medallas, 9 de oro, 10 de plata y 18 bronceadas. Alcanzar la meta de las 100 medallas y escalar posiciones en el medallero general no sólo consolidará nuestro lugar en la región, sino que inyecta una actitud ganadora a toda la Delegación en esta recta final. Mantener el ritmo positivo ahora es fundamental, especialmente sabiendo que aún quedan por disputarse aquellas disciplinas históricamente fuertes que siempre nos aseguran una gran cosecha de metales. Cada podio restante cuenta para cerrar estos Juegos centenarios con historia y asegurar una excelente posición en el medallero total en estos juegos.

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