Cuando asumí la presidencia de este Partido, les dije que hacía falta una refundación.
Y les dije que la refundación requería una nueva estructura, un nuevo liderato y una nueva filosofía. Aquí está la nueva estructura: la asamblea general más exitosa en la historia reciente de nuestro partido. Aquí está el nuevo liderato: mujeres, jóvenes, servidores públicos, caras nuevas y nuevos populares. Y aquí está la nueva filosofía.
Al constituirse la nueva junta de gobierno, someteré esta nueva filosofía a su consideración.
Es una filosofía que vuelve a poner al ser humano en el centro de nuestra acción política. Es una filosofía que define ser popular como una manera de ser y ver las cosas. Es una filosofía que reconecta con nuestras raíces, nutre nuestras conciencias y promete oportunidades de progreso para todos y todas.
Es una filosofía profunda, pero con lenguaje sencillo.
La filosofía del Partido Popular Democrático es poner primero al ser humano y sus necesidades materiales y espirituales. Pero no es una filosofía individualista, ni materialista. Somos “populares”. Populares quiere decir “del pueblo”. Ponemos primero al ser humano, pero siempre como parte de una comunidad, que llamamos “el pueblo de Puerto Rico”. Y nuestro fin es que el pueblo de Puerto Rico pueda alcanzar su máximo potencial, libre de los obstáculos que representan la pobreza, la falta de luz, la escasez de agua, la violencia, y los muchos males materiales y espirituales que lo aquejan.
Esta semana, cuando revisaba un borrador de esta filosofía, presencié un buen ejemplo de esta en acción.
Visité una escuela dentro de un residencial público. La escuela quiere erradicar la pobreza infantil. Pero la escuela sabe que no puede erradicar la pobreza infantil atendiendo solamente a sus pupilos. El pupilo sale de la escuela y va a un hogar. Duerme con una familia. Juega en las calles de su comunidad. Así que la escuela decidió que, para erradicar la pobreza infantil, tenía que educar no solo a los niños sino a sus cuidadores.
Y allí conocí a una madre. Esta madre matriculó a su nena en Kinder hace siete años. Cuando la matriculó, trabajaba a tiempo parcial y se divorciaba de una pareja violenta.
La escuela educó a la nena y capacitó a la madre. Hoy la nena habla de “coding” y la madre trabaja como asistente de gerente en una cadena multinacional.
Madre e hija vivían en un estudio. Hoy, la madre es dueña de un edificio de apartamentos. En uno viven ella y su hija, y los demás proveen un hogar para otras familias puertorriqueñas.
La escuela puso al ser humano primero. Ayudó a la niña, pero reconoció que era parte de una familia. Así que ayudó a la madre. Y al ayudar a ambas, ayudaron a una comunidad, que a su vez es parte de lo que llamamos el pueblo de Puerto Rico. Y ahora, escuela, madre, hija, maestros, todos, contribuyen a hacer de nuestro pueblo uno más próspero y más justo.
Poner primero a la persona, como parte de un pueblo, y mejorar la prosperidad de todos. Esa es la filosofía del Partido Popular Democrático.
Historias como esta también validan nuestra convicción de ser un partido de centro. La nueva filosofía profundiza sobre lo que significa ser un partido de centro. Basta decirles que a esa madre y a esa niña les importó más que la educación fuera buena que si era pública, privada o aliada. He visto historias de éxito similares en centros Head Start de municipios, como Mayagüez y Yabucoa. Lo importante para nosotros, nuestra mentalidad como partido de centro, es priorizar lo que funciona; poner las causas al servicio de la gente y no la gente al servicio de las causas.
Ser de centro no es ser tibios. Es negarnos a aceptar falsas disyuntivas.
No escogemos entre prevenir el crimen y castigarlo. Hacemos las dos cosas.
No escogemos entre proteger el ambiente y desarrollar el país. Hacemos las dos cosas, con un desarrollo más sustentable y urbanístico.
No escogemos entre ayudar al que lo necesita y fomentar el trabajo, el ahorro y la inversión. Hacemos las dos cosas.
No escogemos entre la iniciativa privada y la justicia social. Creamos las condiciones para que la empresa privada, preferiblemente puertorriqueña, florezca. Y cuando florezca, que dé frutos para todos.
Y hay cosas que para nosotros no están en discusión. Respetamos la libertad de culto y la separación de iglesia y estado. Rechazamos el discrimen y el odio contra cualquier persona o comunidad. Los derechos que existen, los protegemos. Y cuando haya que expandirlos, o resolver conflictos entre ellos, buscaremos consensos, no trincheras.
No debemos ver al ser humano como de izquierda o derecha, rojos o azules. Cuando pensamos así, toleramos las malas ideas si son nuestras, y rechazamos las buenas si son de otros. Eso es politiquería.
Y la politiquería es una injusticia. Rechazar a una persona talentosa porque es de otro partido, o peor aún, porque es de otro bando dentro de tu mismo partido, contradice el interés público. Traiciona nuestros valores. Deprime nuestra moral como pueblo para seguir trabajando para echar el país hacia adelante. Y para combatir la injusticia, es que existe el Partido Popular Democrático.
La injusticia en Puerto Rico es política. Pero también es económica. Nuestra filosofía económica, como dijo Luis Muñoz Marín, “es de honda inspiración cristiana, de justicia al desvalido, de reconocimiento al humilde, de respeto al justo.”
Para que haya justicia social en Puerto Rico, hay que crear riqueza y hay que distribuirla bien.
Hay que mejorar la condición de todos, pero, sobre todo, de los más necesitados.
Siempre habrá quienes, por su esfuerzo, tengan más que otros, como reconoció Muñoz. Pero no queremos un país donde solo los ricos sean más ricos y donde los pobres sean más pobres (o igual de pobres).
Queremos un país donde todo el mundo pueda lograr sus metas y donde nadie, nadie, nadie esté condenado a la miseria de una casa con toldo, a la frustración de una pluma sin agua, a las tinieblas de un hogar sin luz, al desahucio como adulto mayor—al abandono como adulto mayor— y al maltrato como niño indefenso.
Donde haya injusticia, junto a los desvalidos, humildes y justos, allí estará el refundado Partido Popular Democrático.
El Partido Popular Democrático. Muchas veces lo abreviamos como Partido Popular. Pero no podemos olvidar nunca —no podemos olvidar nunca—que somos el Partido Popular Democrático.
El partido que le enseñó al jíbaro puertorriqueño a no vender su voto. El que le dijo que, si vendía su voto, vendía su gobierno, y que el gobierno es de quien lo compra, como el bacalao o los zapatos. El que le enseñó que su voto es poder, y que su voto puede cambiar su vida.
El partido que consiguió el derecho a votar por el gobernador. El partido que consiguió la constitución. El partido que enmendó la constitución para darle el voto a los de 18 años.
Somos el partido que cree en darle más poder al pueblo.
Que su voto y su voluntad decida más sobre su presente y su futuro.
Para que si ningún gobernador recibe el respaldo de la mayoría del pueblo, el pueblo pueda votar en una segunda vuelta entre las dos opciones que más votos sacaron.
Que los ciudadanos puedan proponer, aprobar y derogar legislación vía referéndum.
Que las comunidades tengan más democracia participativa, donde un alcalde les diga que tiene $50,000 y ellos decidan si lo usan para asfaltar la calle o para talleres de emprendimiento.
Que si un gobierno no sirve y lo tenemos que cambiar en menos de 4 años, no tengamos que tirarnos a la calle como en el verano del 19, sino que vayamos a las urnas para que decidamos en igualdad de condiciones.
Pero más que nada: queremos que el pueblo vuelva a decidir la política pública de su gobierno, que terminemos el régimen del ente que más ha coartado y limitado el poder de nuestro voto para regir nuestro destino: que acabemos con la Junta de Supervisión Fiscal.
Con una filosofía de gobierno responsable; que no gaste más de lo que recauda; que recupere la confianza de los mercados; vamos a sacar la Junta.
Repito: Con una filosofía de gobierno responsable; que no gaste más de lo que recauda; que recupere la confianza de los mercados; vamos a sacar la Junta.
Algunos culpan al estatus por la junta. Pero miren. La gente sabe que el problema de Puerto Rico no es su estatus. La gente sabe que el problema es quién gobierna, cómo gobierna y para quiénes gobierna. La gente sabe que Puerto Rico fracasará como estado, como país independiente o Estado Libre Asociado con toda la autonomía del mundo si tiene gobernantes mediocres que gobiernan para cabilderos, contratistas y la claque.
Algunos creen que decimos esto para no hablar de estatus. Quítense de la mente eso de que el Partido Popular le tiene miedo a hablar de estatus. Eso ya no es así. El Partido Popular Democrático es autonomista. El Partido Popular Democrático cree en mantener y mejorar el Estado Libre Asociado. Y el Partido Popular Democrático ha puesto en blanco y negro, en un proyecto de ley federal, con respaldo de otros congresistas demócratas, cómo visualiza mantener y mejorar el Estado Libre Asociado. Como dije el 25 de julio de 2025 en Mayagüez, la timidez, la inhibición, la cobardía en la defensa del autonomismo puertorriqueño llegó a su fin.
Ahora bien. Que nadie se confunda. Nosotros no vemos el estatus como un fin. El ELA no es el fin del Partido Popular. Para nosotros el estatus es un medio. Nuestro fin es el puertorriqueño y su bienestar. Lo que pasa es que hace 74 años concluimos, y todavía hoy afirmamos que el mejor medio, que el único medio, para el bienestar del puertorriqueño es mantener y mejorar el Estado Libre Asociado.
El estatus de Puerto Rico no va a cambiar en el futuro cercano. Lo que podemos cambiar, y lo que tenemos que cambiar, es el gobierno de Puerto Rico.
Al gobierno de la secretaria de Familia, los contratos de ‘Baby’ y las lágrimas de cocodrilo—lo tenemos que cambiar.
Al gobierno del Zar de la Mentira, el fraude de energía temporera y la luz más cara de nuestra historia—lo tenemos que cambiar.
Al gobierno de la secretaria de Vivienda y los marbetes fraudulentos—lo tenemos que cambiar.
Al gobierno del secretario de Recursos Naturales que “encontró” una orden en su escritorio para legalizar la caseta de la familia de la gobernadora en La Parguera—lo tenemos que cambiar.
Lo tenemos que cambiar en todos los niveles. Hay que cambiar a la gobernadora. Hay que cambiar al presidente de la Cámara. Y hay que cambiar al presidente del Senado.
El presidente del Senado. El que se cree Donald Trump poniendo apodos y posteando memes. El que pelea más con otros puertorriqueños que por los puertorriqueños. El que en 2028 llevará 20 años en el Senado y 12 como presidente del Senado. El que aprobó la Ley 7 que botó a miles de empleados públicos. El que votó a favor de LUMA. El que ahora quiere reinventarse como un filósofo griego de valores y familia… pero como buen cabro, siempre vuelve y tira pa’l monte.
Yo no sé si por fin se atreverá a correr. Pero yo sí sé que, si se atreve, ganaremos de Mayagüez a Humacao, de Arecibo a Ponce…y hasta en Bayamón y Guaynabo.
Ahora óiganme bien porque lo que voy a decir es importante.
En el pasado podíamos ganar siendo los menos malos. Eso se acabó. Para ganar, tenemos que ser los mejores. Para ganar, tenemos que representar el cambio y la esperanza.
Tenemos que demostrarle a Puerto Rico que somos diferentes y que podemos ser el cambio. Yo estoy poniendo de mi parte. Renuncié a las escoltas 24/7. Rechazo los donativos políticos anónimos y limito los donativos en efectivo. Y trabajo con personas de otros partidos cuando el bien común lo requiere: me uní con Victoria Ciudadana y Proyecto Dignidad para combatir las enmiendas al Código Electoral; me uní con la gobernadora para salvar el Plan Vital.
Por eso me siento cómodo con que haya personas que se identifiquen como populares y no comulguen con todos los aspectos de esta filosofía. Somos la casa grande. Ser popular no exige pensar igual sobre todos los asuntos. Exige compartir la convicción fundamental de poner primero al ser humano, de entenderlo como parte de un pueblo y de respetar la voluntad democrática.
La refundación ha sido un proceso de reflexión, autocrítica y superación. El éxito de esta asamblea simboliza el éxito de esta refundación. Y el éxito se debe a que no fue un capricho o un mero ejercicio de mercadeo político. Lo estudiamos. Lo pensamos. Lo ejecutamos. Y lo que hemos hecho en nuestra colectividad es una muestra de lo que podemos hacer en Puerto Rico.
La filosofía que nace de este proceso define nuestros principios y nuestros valores de cara al cambio que Puerto Rico necesita. Ahora, necesitamos el programa y los líderes para realizarlos.
No haremos un programa de cuatro años. Haremos un programa de diez años. Será un programa de soluciones estructurales, para transformar a Puerto Rico. Nos enfocaremos en arreglar lo básico, en restablecer el buen gobierno y darle más poder al pueblo.
Ahora bien, para que el programa funcione, necesitamos liderazgo atrevido y audaz. Queremos líderes que se atrevan a asumir posiciones, tomar decisiones, y ejecutarlas sin ceder ante la primera muestra de resistencia. Queremos líderes sin temor a la pelea justa, que siempre es sacrificada y arriesgada. Queremos líderes que vayan a entrevistas difíciles y defiendan nuestras posturas sin miedo.
Queremos líderes de la talla de un Luis Muñoz Marín, que expulsó a los mercaderes, que bautizó a los grandes intereses como los ‘colmillús’, que al implantar su programa resistió las presiones de los periódicos, de los obispos y de los nacionalistas.
Queremos líderes de la talla de un Rafael Hernández Colón, que destruía las mentiras de sus adversarios frente a ellos, en televisión y con una sonrisa.
Ellos entendieron al puertorriqueño de su época y lucharon por él. Ahora nos toca hacer lo mismo. El puertorriqueño de hoy no pide grandes monumentos de cemento; pide líderes que se enfoquen en arreglar lo básico. Exige que resolvamos los problemas de luz, agua, salud, educación, seguridad y vivienda. Lo pide por necesidad, no por placer o lujo.
Con capacidad e inteligencia;
Con liderato joven, enérgico y renovado;
Con los principios claros y la sed de justicia recogida en nuestra nueva filosofía;
Para arreglar lo básico, para restablecer el buen gobierno, y para darle más poder al pueblo;
Vamos todos por la esperanza, todos por el cambio, todos por Puerto Rico.
