La Red por los Derechos de la Niñez y Juventud expresa su profundo dolor ante muerte violenta de un joven en Arroyo

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Exhortan a las autoridades a investigar el crimen con la mayor celeridad e invitan al país a reflexionar sobre cómo prevenir la violencia en la niñez y la juventud

San Juan, Puerto Rico (10 de septiembre de 2026) – El presidente de la Red por los Derechos de la Red y la Juventud de Puerto Rico, Marcos Santana Andújar, comparte las siguientes expresiones:

“La Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico expresa su profundo dolor ante la muerte violenta de un adolescente de 16 años en el municipio de Arroyo.

De acuerdo con la información divulgada, el joven se encontraba bajo la protección del Estado y había salido recientemente, junto con otros adolescentes, de un albergue de la región de San Juan, quedando fuera del entorno de protección y acompañamiento que necesitaba.

Hemos perdido la vida de un niño. Ante una tragedia de esta magnitud, no es momento de emitir juicios apresurados ni de levantar dedos acusadores. Es momento de acompañar el dolor de su familia, de los jóvenes que compartieron con él, del personal que le brindó servicios y de todas las personas impactadas por esta pérdida.

Exhortamos a las autoridades a investigar los hechos con la mayor celeridad, esclarecer este crimen sin dilación y llevar ante la justicia a las personas responsables. Su vida importa y su muerte no puede quedar impune.

Sin embargo, la respuesta del país no puede limitarse a la investigación criminal ni comenzar cuando un niño o una niña entra a un albergue. Esta tragedia debe llevarnos a una reflexión profunda y autocrítica: ¿qué podemos hacer para apoyar oportunamente a la niñez y a sus familias antes de que tengan que entrar en contacto con el sistema de protección?

Tenemos que continuar fortaleciendo ecosistemas de servicios integrados en nuestras comunidades que permitan identificar y atender tempranamente las situaciones de riesgo. Esto requiere garantizar acceso oportuno a servicios de salud física y mental, vivienda segura, educación, seguridad alimentaria, acompañamiento social y oportunidades de movilidad económica.

La protección de la niñez no comienza cuando ocurre una remoción, se activa una investigación o se abre la puerta de un albergue. Comienza mucho antes: cuando acompañamos a una familia, atendemos sus necesidades y evitamos que una situación de vulnerabilidad se transforme en una crisis. Prevenir también es proteger.

Asimismo, debemos examinar qué apoyos reciben los niños, las niñas y los adolescentes mientras se encuentran bajo la protección del Estado; cómo atendemos sus experiencias de trauma; y qué respuestas se activan cuando salen de un entorno de cuidado y necesitan ser localizados y protegidos.

Cuando un niño sale de un espacio de protección, no deja de ser nuestra responsabilidad colectiva. Su conducta no puede analizarse separada de las experiencias de violencia, abandono, pobreza, trauma o exclusión que pudo haber vivido. Detrás de cada situación existe una historia y, muchas veces, un llamado que las personas adultas y las instituciones tenemos la responsabilidad de escuchar y atender.

Esta tragedia debe convertirse en un punto de no retorno. No podemos acostumbrarnos a contar las vidas de nuestros niños después de perderlas ni permitir que el dolor desaparezca cuando termine el ciclo noticioso.

Hoy guardamos duelo. Como país, nos corresponde transformar ese dolor en acciones concretas para que ningún niño o niña quede desprovisto de protección cuando más la necesita”.

 

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