“Recibimos a finales de la pasada semana una carta del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos sobre los trabajos que realizaron en el mes de junio en la desembocadura del río Grande Loíza. Estamos evaluando la misma para referir nuestros comentarios. Adelanto que entendemos que existen parámetros dentro de los permisos otorgados a la Agencia para realizar trabajos como fue este. Es importante tener en cuenta el contexto de la labor que ahí se desarrolló y el escenario que existía en esos momentos”.
“En horas de la tarde del 15 de junio, miembros del Cuerpo de Vigilantes, en un patrullaje preventivo en la Zona Marítimo-Terrestre, específicamente en la desembocadura del río Grande de Loíza, un ciudadano se acercó a notificar haber observado tres manatíes nadando en el río y que no podían ganar acceso al mar dado a que la desembocadura se encontraba totalmente tapada por un banco de arena. Ante dicha información, se procedió de inmediato a inspeccionar el área, logrando avistar tres ejemplares de manatí”.
“Como parte del protocolo en casos que involucren especies en peligro de extinción, se personó al área la doctora en biología del DRNA, Nilda Jiménez, quien determinó que la obstrucción limitaba la conectividad natural entre el río y el mar, afectando las condiciones ecológicas del hábitat. La reducción del flujo de agua podría ocasionar una disminución en los niveles de oxígeno disuelto, un deterioro en la calidad del agua y una restricción en la movilidad de la fauna, aumentando el riesgo de que los manatíes permanecieran confinados dentro del cuerpo de agua sin una salida adecuada hacia aguas abiertas”.
“Ante esta realidad, ordené a personal técnico de la Oficina Regional de San Juan, movilizarse, junto con una excavadora, con el propósito de abrir nuevamente, al nivel de la marea, el canal de desembocadura para facilitar que los manatíes regresen al mar. La intervención consistió únicamente en remover el banco de arena y los sedimentos que obstruían la desembocadura, sin alterar de forma permanente el cauce natural del río ni modificar sus características geomorfológicas esenciales, tampoco se trasladó ese material a ninguna parte”.
“Igualmente se realizó un trabajo el 8 de julio, que solo, repito, solo, fue de restauración ambiental dirigida a restablecer el flujo hidrológico natural del sistema y mejorar el intercambio de agua entre el río y el océano. En Puerto Rico habitan alrededor de 700 manatíes, una especie en peligro de extinción, y no se iba a permitir colocar en peligro la vida tres de estos mamíferos”.

